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Cuándo acudir a un psicólogo o a un psiquiatra: señales a las que hay que prestar atención, especialmente para quienes ya controlan la tensión arterial y el colesterol

Publicado en 22 de julio de 2026

Según la Encuesta Nacional de Salud de 2019, del IBGE, el 10,2% de los adultos de Brasil declararon haber recibido un diagnóstico de depresión por parte de un profesional de la salud mental; entre los hombres, este porcentaje fue del 5,1%. Entre las mujeres, esta cifra fue aún mayor, alcanzando el 14,7%, casi el triple. Cuando la vida adulta se vuelve pesada, es importante saber cuándo acudir a un psicólogo o a un psiquiatra.

Otro dato relevante: entre quienes ya padecen enfermedades crónicas como la hipertensión y la dislipidemia —entendiéndose por dislipidemia el desequilibrio en los niveles de grasas (lípidos) en sangre, como el exceso de colesterol malo (LDL) y triglicéridos, o la falta de colesterol bueno (HDL)—, la prevalencia de trastornos de ansiedad y episodios depresivos diagnosticados en ese mismo grupo de edad ha ido aumentando de forma constante. Este panorama pone de manifiesto un desajuste silencioso entre lo que el cuerpo nos indica y lo que la persona se permite reconocer como un problema.

La pregunta que muchos evitan hacerse a sí mismos es directa: ¿cuándo el cansancio, la irritabilidad constante, las noches de sueño intranquilo y la sensación de vacío dejan de ser una “etapa” y pasan a requerir ayuda profesional? Para quienes ya acuden al cardiólogo, se miden la tensión arterial y controlan el colesterol, puede existir una curiosa contradicción. El cuidado del cuerpo está presente, pero el cuidado de la mente puede seguir siendo un tema tabú, a menudo alimentado por mitos sobre lo que supone acudir a un psicólogo o a un psiquiatra.

Este artículo describe los indicios de falta de atención emocional, explica con claridad la diferencia entre psicólogo y psiquiatra sin establecer una jerarquía entre ambas profesiones, y relaciona la salud mental con la realidad de quienes ya reciben seguimiento cardiovascular. El objetivo es ofrecer criterios prácticos para identificar cuándo se debe buscar ayuda, utilizando un lenguaje respetuoso y sin alarmismo.

¿Por qué tantos hombres posponen la búsqueda de ayuda en materia de salud mental?

La reticencia de los hombres a hablar sobre salud mental no es un rasgo de personalidad individual. Refleja una construcción cultural profundamente arraigada, reforzada por décadas de mensajes sobre lo que significa “ser fuerte”. Para muchos hombres de mediana edad, admitir malestar emocional suena a debilidad, y acudir a un profesional de la salud mental parece un paso reservado para situaciones extremas.

Esta barrera se hace aún más evidente si se compara con la naturalidad con la que esos mismos hombres acuden al cardiólogo. Medirse la tensión, hacerse un análisis de colesterol, ajustar la medicación: todo ello forma parte de una rutina que conlleva menos estigmas. Sin embargo, cuando se trata de ansiedad, insomnio persistente o pérdida de interés por la vida, el patrón cambia. La tendencia es restarle importancia, esperar a que pase o achacarlo todo al estrés del trabajo.

El problema es que posponer la búsqueda de ayuda tiene consecuencias concretas. Los casos de ansiedad y depresión no tratados agravan los factores de riesgo cardiovascular, dificultan el cumplimiento del tratamiento de las enfermedades crónicas y merman progresivamente la calidad de vida. Reconocerlo no es señal de fragilidad. Es una decisión informada sobre la propia salud.

Señales de que el estrés, la ansiedad o la tristeza requieren algo más que fuerza de voluntad

Hay una diferencia importante entre pasar por una semana difícil y vivir semanas seguidas con síntomas que no remiten. Saber identificar esa línea divisoria es el primer paso para entender cuándo acudir a un psicólogo o a un psiquiatra.

Hay algunos síntomas que merecen atención cuando se vuelven frecuentes, persistentes (durante dos semanas o más) y empiezan a afectar a la rutina diaria. El Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) y el Ministerio de Sanidad enumeran síntomas como:

  • Irritabilidad desproporcionada: reacciones intensas ante situaciones que antes se podían manejar, lo que afecta a las relaciones familiares y profesionales.
  • Alteraciones del sueño: dificultad para conciliar el sueño, despertares repetidos durante la noche o un sueño que no permite recuperar energías, incluso cuando el número de horas parece adecuado.
  • Pérdida de interés o de placer: las actividades que antes resultaban satisfactorias pasan a parecer indiferentes o agotadoras, incluyendo los pasatiempos, la vida social y la vida íntima.
  • Cansancio que no se explica por el esfuerzo físico: fatiga constante que no mejora con el descanso y que puede confundirse con los efectos de los medicamentos cardiológicos.
  • Dificultades de concentración y memoria: olvidos frecuentes, sensación de “mente nublada” y dificultad para llevar a cabo tareas sencillas.
  • Síntomas físicos recurrentes sin causa clínica identificada: dolores de cabeza, tensión muscular, problemas digestivos y opresión en el pecho, que ya han sido evaluados por el cardiólogo sin que se hayan detectado hallazgos relevantes.
  • Aislamiento progresivo: preferencia cada vez mayor por estar solo, evitar los encuentros y reducir la comunicación con las personas cercanas.
  • Sensación de desesperanza o vacío: percepción de que “nada va a mejorar” o de que la vida ha perdido sentido.
  • Cambios de estado de ánimo, energía o apetito sin motivo aparente.

Ninguno de estos síntomas, por sí solo, constituye un diagnóstico. Sin embargo, cuando varios de ellos coexisten durante más de dos semanas y afectan al trabajo, a las relaciones personales o al autocuidado, es el momento de plantearse buscar ayuda profesional (NIMH). La fuerza de voluntad es un recurso valioso, pero no sustituye a una evaluación especializada.

Infografía con señales de alerta de ansiedad y depresión.
Adaptado del NIMH y el Ministerio de Sanidad.
Infografía sobre los síntomas que indican cuándo se debe buscar ayuda en materia de salud mental.
Adaptado del NIMH y el Ministerio de Sanidad.

Psicólogo y psiquiatra: en qué consiste el trabajo de cada uno y cuándo acudir a cada profesional

Una de las dudas más habituales es la diferencia entre psicólogo y psiquiatra. Esta confusión, por sí sola, ya supone un obstáculo: al no saber a quién acudir, muchas personas simplemente no acuden a nadie. La Asociación Americana de Psicología (APA) explica la diferencia entre la labor de los psicólogos y la de los psiquiatras y, en resumen, podemos deducir que:

El psicólogo es el profesional titulado en Psicología, capacitado para llevar a cabo psicoterapia. Su trabajo consiste en escuchar de forma cualificada, identificar patrones emocionales y conductuales, y utilizar técnicas terapéuticas basadas en la evidencia para ayudar al paciente a comprender y gestionar lo que siente. El psicólogo no receta medicamentos.

Acudir a un psicólogo tiene sentido cuando te das cuenta de que tus recursos emocionales se han agotado, cuando los pensamientos recurrentes interfieren en tu rutina, cuando los conflictos personales o profesionales parecen no tener salida, o cuando deseas comprender mejor tus patrones de comportamiento. No es necesario estar en crisis para empezar una terapia.

¿Qué hace el psiquiatra?

El psiquiatra es un médico especializado en psiquiatría. Además de evaluar aspectos emocionales y conductuales, puede solicitar pruebas, realizar diagnósticos clínicos y recetar medicamentos cuando sea necesario. El psiquiatra también puede llevar a cabo psicoterapia, aunque en la práctica el tratamiento farmacológico es más frecuente.

Se recomienda acudir a un psiquiatra cuando los síntomas son intensos, persistentes o incapacitantes, cuando se sospecha que la afección requiere tratamiento farmacológico o cuando el psicólogo identifica la necesidad de una evaluación médica complementaria.

¿Psicólogo o psiquiatra? ¿Hay que elegir?

No. Ambas intervenciones son complementarias, no competitivas. En muchos casos, el seguimiento simultáneo con un psicólogo y un psiquiatra ofrece los mejores resultados. El psicólogo se encarga del proceso terapéutico continuo, mientras que el psiquiatra ajusta el tratamiento farmacológico cuando es necesario. La elección del primer profesional al que acudir depende más de tu situación actual que de una jerarquía fija.

Mitos y verdades sobre la depresión y la ansiedad que dificultan la búsqueda de ayuda a quienes la necesitan

La desinformación sobre la salud mental es un obstáculo real, especialmente para los hombres mayores de 45 años. Persisten algunos mitos que conviene desmontar con claridad.

“La depresión es una tontería o una falta de actitud”

Mito. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) define la depresión como un trastorno común, pero grave, que interfiere en la vida cotidiana, en la capacidad para trabajar, dormir, estudiar, comer y disfrutar de la vida, y explica que es el resultado de una combinación de factores genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos.   

Es decir, la depresión es un trastorno clínico de origen neurobiológico. Implica alteraciones en neurotransmisores como la serotonina, la noradrenalina y la dopamina, además de factores genéticos, ambientales y psicológicos. No se soluciona con “pensamiento positivo” ni con el esfuerzo y la fuerza de voluntad por sí solos.

“La ansiedad no es más que nerviosismo. Todo el mundo la tiene”

Es parcialmente cierto, pero engañoso. La ansiedad es una respuesta natural del organismo. Sin embargo, cuando se vuelve crónica, desproporcionada e interfiere en el funcionamiento diario, deja de ser “nerviosismo” y pasa a ser un trastorno que merece ser evaluado. La diferencia radica en la frecuencia, la intensidad y el impacto en la rutina. Para el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH), la ansiedad se convierte en un trastorno cuando implica un miedo o una preocupación persistentes y excesivos que afectan a la vida cotidiana.

“Tomar medicamentos psiquiátricos crea adicción y altera la personalidad”

Mito. Los medicamentos psiquiátricos recetados y supervisados por un psiquiatra siguen protocolos de seguridad muy estrictos. La Clínica Mayo Explica que los antidepresivos son un tratamiento habitual para la depresión, capaces de reducir los síntomas, pero que pueden requerir ajustes en función de la respuesta al tratamiento y la aparición de efectos secundarios. Por ello, deben ser recetados y supervisados por profesionales sanitarios, que evalúan la necesidad de posibles cambios o interrupciones. La personalidad del paciente no se ve alterada. La elección, la dosis, el cambio o la interrupción deben ser orientados por un profesional.

“El hombre que acude al psicólogo es débil”

Mito. Buscar ayuda profesional requiere autoconocimiento y valor para reconocer los propios límites. La idea de que la salud mental es un tema “para los demás” contribuye directamente al agravamiento de trastornos que podrían tratarse con mayor facilidad si se detectaran a tiempo.

“A partir de la mediana edad, la tristeza y el desánimo son normales en esta etapa de la vida”

Mito. Aunque los cambios hormonales, la jubilación, las pérdidas y los cambios vitales pueden influir en el estado emocional, la tristeza persistente y la pérdida de interés por las cosas no son consecuencias inevitables del envejecimiento. Son señales que merecen ser investigadas.

“Si ya me estoy tratando la tensión y el colesterol, estoy cuidando mi salud”

Es una verdad a medias. Controlar la tensión arterial y el colesterol es fundamental. Pero la salud es un concepto integral. Ignorar el componente emocional compromete incluso los resultados del tratamiento cardiovascular.

¿Qué relación hay entre la salud mental y el tratamiento de la hipertensión y el colesterol?

La relación entre la salud mental y la salud cardiovascular está respaldada por pruebas sólidas, tal y como se recoge en los artículos de la Asociación Americana del Corazón (AHA). Para quienes ya padecen hipertensión o dislipidemia, comprender esta relación no es una simple curiosidad académica: se trata de información práctica que puede cambiar la calidad del tratamiento.

La ansiedad y la depresión como factores de riesgo cardiovascular

Estudios publicados en revistas de prestigio, como la Revista de la Asociación Americana del Corazón (AHA), indican que la depresión y la ansiedad crónicas están asociadas a un mayor riesgo de sufrir episodios cardiovasculares, como infartos y accidentes cerebrovasculares. Los mecanismos implicados incluyen un aumento sostenido del cortisol, inflamación sistémica, disfunción endotelial y una activación excesiva del sistema nervioso simpático.

Repercusión en la adherencia al tratamiento

Según los Institutos Nacionales de Salud (NIH), los síntomas depresivos persistentes se asocian con un menor cumplimiento de los hábitos saludables, como dejar de fumar y acudir a la rehabilitación cardíaca. Es decir, los pacientes con depresión o ansiedad tienden a seguir menos el tratamiento farmacológico, a descuidar los cambios en el estilo de vida recomendados por el cardiólogo y a faltar a las citas de seguimiento. Cuando la salud mental no va bien, la motivación para cuidar del cuerpo disminuye de forma significativa.

Sueño, estrés y presión arterial

La calidad del sueño está directamente relacionada con el control de la presión arterial. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. (CDC) afirman que, durante el sueño normal, la presión arterial desciende. Cuando hay problemas de sueño, la presión puede mantenerse más alta durante más tiempo. El insomnio crónico y el sueño fragmentado, síntomas frecuentes en casos de ansiedad y depresión, contribuyen a los picos de presión arterial y dificultan la estabilización de los niveles a lo largo del día. Cuidar el sueño es, por lo tanto, cuidar el corazón (NIH).

Para quienes ya reciben seguimiento cardiológico, incluir la salud mental en la rutina de cuidados no es un “extra”. Forma parte del mismo compromiso con la propia salud. Hablar con el cardiólogo sobre los síntomas emocionales puede ser el primer paso hacia un enfoque más completo.

Preguntas frecuentes sobre cuándo y cómo buscar ayuda de psicólogos o psiquiatras

¿Cuándo se debe acudir por primera vez a un psicólogo o a un psiquiatra?

Cuando síntomas como la tristeza persistente, la ansiedad intensa, el insomnio, la irritabilidad o la pérdida de interés duran más de dos semanas y afectan al trabajo, a las relaciones personales o al cuidado personal, no es necesario esperar a que se produzca una crisis para buscar ayuda.

¿Puedo acudir primero al psicólogo, sin pasar por el psiquiatra?

Sí. El psicólogo está capacitado para evaluar tu caso y, si detecta la necesidad de tratamiento farmacológico, te derivará al psiquiatra. También es válido el proceso inverso. No hay un orden obligatorio.

¿Puede mi cardiólogo detectar que necesito ayuda en materia de salud mental?

Puede hacerlo y, en muchos casos, lo hace. Los cardiólogos que prestan atención al paciente en su conjunto suelen investigar los síntomas de ansiedad y depresión, especialmente cuando el cumplimiento del tratamiento se ve comprometido o cuando surgen molestias sin una explicación clínica evidente.

¿Pueden la ansiedad y la depresión agravar la hipertensión?

Sí. La ansiedad crónica y la depresión están relacionadas con el aumento de la presión arterial, el incremento de los marcadores inflamatorios y un mayor riesgo cardiovascular. Tratar los problemas de salud mental contribuye directamente al control de la presión arterial.

¿Funciona la terapia para los hombres de mediana edad?

Funciona en cualquier grupo de edad. Estudios como el de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) demuestran que la psicoterapia basada en la evidencia, como la terapia cognitivo-conductual, es eficaz tanto para adultos como para personas mayores. La edad no supone un obstáculo para obtener beneficios terapéuticos.

¿Tengo que decirle a alguien que estoy en terapia o que tomo medicación?

La decisión es personal. El secreto profesional garantiza que tu información permanezca protegida. Compartirla con personas de confianza puede ser positivo, pero no es obligatorio.

¿Cómo encontrar un buen psicólogo o psiquiatra?

Comprueba que el profesional esté colegiado en el Colegio Regional de Psicología (CRP) o en el Colegio Regional de Medicina (CRM). Pide recomendaciones a tu médico de confianza, incluido el cardiólogo. Evalúa si el profesional trabaja con enfoques basados en la evidencia y si te sientes cómodo durante la consulta. 

Algunas páginas útiles:

Ministerio de Sanidad — Centros de Atención Psicosocial (CAPS)

Los CAPS son servicios públicos de salud mental, abiertos a la comunidad, que acogen a personas con problemas psíquicos y les prestan apoyo en su día a día.

https://www.gov.br/saude/pt-br/composicao/saes/desmad/raps/caps

Ministerio de Sanidad — Red de Atención Psicosocial (RAPS)

El RAPS funciona como una red integrada de servicios para personas con trastornos mentales o problemas relacionados con el consumo nocivo de alcohol y otras drogas en el SUS.

https://www.gov.br/saude/pt-br/composicao/saes/desmad/raps

Cuidar la salud mental con la misma seriedad con la que se cuida la tensión arterial y el colesterol es una decisión que protege todo el cuerpo. Si te has reconocido en alguno de los síntomas descritos en este artículo, plantéate dar el siguiente paso. Hablar con un profesional cualificado puede ser el comienzo de un cambio significativo en tu calidad de vida.

Páginas consultadas
https://agenciadenoticias.ibge.gov.br/media/com_mediaibge/arquivos/005355051927a647d3b01a5c8f735494.pdf
https://www.nimh.nih.gov/health/topics/men-and-mental-health
https://www.nimh.nih.gov/health/publications/depression
https://www.nimh.nih.gov/health/topics/anxiety-disorders
https://www.paho.org/pt/topicos/depressao
https://www.gov.br/saude/pt-br/assuntos/saude-de-a-a-z/d/depressao
https://www.gov.br/saude/pt-br/assuntos/saude-de-a-a-z/s/saude-mental
https://www.apa.org/ptsd-guideline/patients-and-families/psychotherapy-professionals
https://www.crp03.org.br/wp-content/uploads/2017/10/panfleto-conceitos-psicologia-3.pdf
https://www.mayoclinic.org/diseases-conditions/depression/in-depth/antidepressants/art-20046273
https://newsroom.heart.org/news/depression-anxiety-and-stress-linked-to-poor-heart-health-in-two-new-studies
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5359120/
https://www.cdc.gov/heart-disease/about/sleep-and-heart-health.html
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10239254/
https://www.psychiatry.org/patients-families/psychotherapy
https://www.gov.br/saude/pt-br/composicao/saes/desmad/raps/caps
https://www.gov.br/saude/pt-br/composicao/saes/desmad/raps

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