Salud cardiovascular: qué es, por qué es importante y cómo cuidar el corazón en el día a día
Las enfermedades cardiovasculares causan alrededor de 400 000 muertes al año en Brasil, según datos del Ministerio de Sanidad. Esto significa que, cada minuto, al menos una persona pierde la vida a causa de un problema que, en la mayoría de los casos, podría haberse prevenido o retrasado con cambios en los hábitos y un seguimiento médico regular. La salud cardiovascular es el conjunto de condiciones que mantienen el corazón y los vasos sanguíneos funcionando de manera eficiente, garantizando que cada órgano del cuerpo reciba la cantidad adecuada de oxígeno y nutrientes (Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre – NHLBI).
A pesar de la gravedad de estas cifras, la mayoría de las personas solo se preocupan por el corazón cuando notan que algo va mal: un dolor en el pecho, una dificultad respiratoria inesperada, un mareo persistente. La pregunta que surge es: ¿por qué esperar a que el cuerpo dé señales de alarma si los principales factores de riesgo cardiovascular son conocidos, medibles y, en gran medida, modificables? La presión arterial, el colesterol, la glucemia, el peso corporal, el nivel de actividad física y el tabaquismo son variables que cualquier persona puede supervisar y, con la orientación adecuada, controlar.
Esta guía recoge todo lo que necesitas saber para comprender cómo funciona el sistema cardiovascular, qué factores suponen un riesgo para el corazón, qué hábitos lo protegen de forma eficaz y qué pruebas ayudan a controlar la salud cardíaca a lo largo de la vida. El objetivo es ofrecer una visión integral y orientada a la prevención, que conecte la alimentación, la actividad física, el sueño, la salud mental y la rutina de cuidados en una única guía práctica. Sin recetas, sin alarmismo, con información de calidad.
¿Qué es la salud cardiovascular y por qué merece nuestra atención?
La salud cardiovascular es el estado de funcionamiento equilibrado del corazón y de todo el sistema vascular, incluidas las arterias, las venas y los capilares. Cuando este sistema funciona correctamente, la sangre circula de forma continua, aportando oxígeno y nutrientes a cada célula y eliminando los residuos metabólicos. Cuando se produce un fallo en este circuito, las consecuencias pueden afectar a todo el organismo.
La importancia de cuidar el corazón va más allá de prevenir infartos y accidentes cerebrovasculares. Un sistema cardiovascular sano favorece el estado físico, la capacidad cognitiva, la calidad del sueño e incluso la salud emocional. El corazón no funciona de forma aislada: responde a lo que comemos, a cuánto nos movemos, al nivel de estrés que soportamos y a la calidad del descanso que le proporcionamos al cuerpo.
Lo que hace que este tema sea tan urgente es que muchas enfermedades cardiovasculares se desarrollan de forma silenciosa. La hipertensión arterial, por ejemplo, puede pasar años sin provocar síntomas evidentes, pero durante ese tiempo ya está causando daños progresivos en las arterias, el corazón y órganos como los riñones y el cerebro. El colesterol elevado sigue la misma lógica: acumula placas de grasa en las paredes de los vasos sanguíneos sin que la persona se dé cuenta, hasta que el flujo sanguíneo se ve comprometido de forma significativa (Mayo Clinic).
Por eso, cuidar la salud cardiovascular es, ante todo, una cuestión de prevención. No se trata de reaccionar ante los síntomas, sino de crear, a lo largo de los años, las condiciones necesarias para que el corazón funcione bien durante el mayor tiempo posible.
Cómo funciona el sistema cardiovascular: una explicación sencilla
El sistema cardiovascular es la red de transporte del cuerpo humano. Está formado por el corazón, que funciona como una bomba muscular, y por una extensa red de vasos sanguíneos que se ramifican por todo el organismo. Su función principal es mantener la sangre en constante circulación, garantizando que el oxígeno y los nutrientes lleguen a todos los tejidos y que los residuos sean transportados para su eliminación.
El corazón tiene cuatro cavidades: dos aurículas (superiores) y dos ventrículos (inferiores). El lado derecho recibe la sangre que ya ha circulado por el cuerpo y la envía a los pulmones, donde tiene lugar el intercambio gaseoso. En los pulmones, la sangre libera dióxido de carbono y absorbe oxígeno. Una vez oxigenada, vuelve al lado izquierdo del corazón, que la bombea con fuerza hacia la aorta y, desde allí, a todo el cuerpo.
Este ciclo se repite, de media, 100 000 veces al día. Para mantener este ritmo, el corazón depende de su propio sistema eléctrico, que coordina las contracciones de forma sincronizada. Cualquier alteración en este ritmo, en la fuerza de contracción o en la integridad de los vasos sanguíneos puede comprometer el funcionamiento del conjunto.
Arterias, venas y capilares: cada uno con su función
Las arterias transportan la sangre rica en oxígeno desde el corazón hasta los tejidos. Las venas recorren el camino de vuelta, llevando la sangre con dióxido de carbono de vuelta al corazón. Los capilares, de un grosor mínimo, son el punto de intercambio: es en ellos donde el oxígeno pasa a las células y los residuos entran en el torrente sanguíneo para ser eliminados.
Según los Institutos Nacionales de Salud (NIH), cuando las arterias pierden elasticidad, acumulan placas de grasa o sufren inflamación crónica, el flujo sanguíneo disminuye. Este proceso, denominado aterosclerosis, es la causa subyacente de la mayoría de los episodios cardiovasculares graves, como el infarto de miocardio y el ictus.
Factores de riesgo que puedes controlar (y los que no puedes)
Los factores de riesgo cardiovascular se dividen en dos categorías: los modificables, que dependen de las decisiones y los hábitos, y los no modificables, que forman parte de la constitución biológica o de los antecedentes de cada persona. Según la Sociedad Brasileña de Cardiología (SBC), la Asociación Americana del Corazón (AHA), la Sociedad Americana contra el Cáncer y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. (CDC), conocer ambos es el primer paso para actuar de forma consciente sobre lo que está a tu alcance.
Factores de riesgo modificables
Estos son los factores sobre los que puedes influir directamente, mediante cambios en tus hábitos y un seguimiento médico:
- Hipertensión arterial: la presión arterial alta obliga al corazón a trabajar más de lo que debería y, con el tiempo, daña las paredes de las arterias. Mantener los valores dentro de los límites recomendados por el médico es una de las medidas preventivas más eficaces.
- Colesterol alto: el exceso de LDL (el llamado “colesterol malo”) favorece la acumulación de placas de grasa en las arterias. Por su parte, el HDL (“colesterol bueno”) ayuda a eliminar esas placas. Es importante que haya un equilibrio entre ambos.
- Diabetes y resistencia a la insulina: los niveles elevados de glucosa en sangre aceleran el proceso de aterosclerosis y aumentan el riesgo de sufrir episodios cardíacos.
- Tabaquismo: fumar daña el revestimiento interno de las arterias, eleva la presión arterial, reduce el colesterol HDL y aumenta la tendencia a la formación de coágulos.
- Sedentarismo: la falta de actividad física regular debilita el corazón, favorece el aumento de peso y contribuye a que la presión arterial, el colesterol y la glucemia se descontrolen.
- Obesidad y exceso de grasa abdominal: la acumulación de grasa en la zona de la cintura está directamente relacionada con un mayor riesgo cardiovascular.
- Alimentación desequilibrada: las dietas ricas en sodio, grasas saturadas, azúcares añadidos y alimentos ultraprocesados sobrecargan el sistema cardiovascular.
- El estrés crónico y la mala calidad del sueño: ambos elevan la presión arterial, favorecen la inflamación sistémica e interfieren en los mecanismos de recuperación del organismo.
- Consumo excesivo de alcohol: en cantidades excesivas, el alcohol puede elevar la presión arterial, provocar arritmias y contribuir al aumento de peso.
Factores de riesgo no modificables
Según las directrices de instituciones como la SBC, los CDC y la Sociedad de Cardiología del Estado de São Paulo (SOCESP), hay factores que no se pueden modificar, pero que es necesario conocer para que la prevención sea más específica:
- Edad: el riesgo cardiovascular aumenta con la edad y puede manifestarse antes en los hombres; tras la menopausia, el riesgo cardiovascular de las mujeres tiende a aumentar.
- Sexo biológico: los hombres tienden a desarrollar enfermedades cardiovasculares a una edad más temprana. Tras la menopausia, el riesgo en las mujeres se aproxima al de los hombres, debido a la reducción del efecto protector del estrógeno.
- Antecedentes familiares: tener familiares de primer grado que hayan sufrido un infarto o un ictus a una edad temprana (antes de los 55 años en el caso de los hombres y de los 65 en el de las mujeres) es una señal de alerta importante.
- Origen étnico: algunos grupos de población presentan una mayor prevalencia de hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares.
La buena noticia es que, incluso cuando existen factores no modificables, el control riguroso de los factores modificables reduce significativamente el riesgo. La prevención no elimina por completo la posibilidad de padecer la enfermedad, pero modifica la probabilidad de forma notable.
Señales de alerta a las que hay que prestar atención en el día a día
El corazón no siempre avisa de forma dramática cuando algo va mal. Muchas señales de alerta cardiovasculares son sutiles y pueden confundirse con cansancio, ansiedad o problemas digestivos. Para la Asociación Americana del Corazón (AHA) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. (CDC), reconocer estas señales es fundamental para acudir al médico en el momento adecuado.
Presta atención a los siguientes síntomas:
- Dolor o molestias en el pecho: puede tratarse de una sensación de presión, opresión, ardor o pesadez en la región torácica. No todo el dolor en el pecho es de origen cardíaco, pero cualquier molestia persistente o recurrente debe investigarse.
- Dificultad para respirar desproporcionada respecto al esfuerzo: sentir dificultad para respirar al subir unos pocos escalones o durante actividades ligeras puede indicar que el corazón no está bombeando sangre de forma eficiente.
- Palpitaciones frecuentes: la sensación de que el corazón late demasiado rápido, fuera de ritmo o que “se salta” latidos puede indicar arritmias que deben evaluarse.
- Mareos o desmayos sin causa aparente: los episodios de mareos intensos, visión borrosa o pérdida de conciencia pueden estar relacionados con alteraciones del ritmo cardíaco o de la presión arterial.
- Hinchazón en las piernas, los tobillos o los pies: la acumulación de líquido en estas zonas puede ser un indicio de que el corazón no consigue mantener una circulación adecuada.
- Cansancio intenso y persistente: la fatiga que no mejora con el descanso y que interfiere en las actividades cotidianas puede indicar un deterioro de la función cardíaca.
- Sudor frío sin motivo aparente: la sudoración excesiva acompañada de malestar, especialmente en reposo, puede ser un síntoma de un episodio cardíaco agudo.
No se debe ignorar ni autodiagnosticar ninguno de estos síntomas. Se recomienda acudir siempre al médico para que realice una evaluación. Cuanto antes se detecte una alteración, mayores serán las posibilidades de un tratamiento eficaz y de preservar la calidad de vida.
Lista de hábitos que protegen el corazón
Cuidar el corazón en el día a día no requiere cambios radicales de la noche a la mañana. Requiere constancia. Los pequeños ajustes en la rutina, mantenidos a lo largo del tiempo, producen efectos acumulativos significativos sobre la salud cardiovascular. La siguiente lista de verificación combina las recomendaciones del Ministerio de Sanidad, la AHA y el Instituto Nacional del Cáncer (INCA) para señalar los hábitos con mayor respaldo científico para la prevención de las enfermedades cardíacas:
Alimentación
- Da prioridad a las frutas, las verduras, las hortalizas, los cereales integrales, las legumbres y los frutos oleaginosos.
- Reduce el consumo de sodio (sal) y da preferencia a los condimentos naturales, como el ajo, la cebolla, las hierbas aromáticas y las especias.
- Limita el consumo de alimentos ultraprocesados, ricos en grasas trans, sodio y azúcares añadidos.
- Incluye fuentes de grasas saludables, como el aceite de oliva, el aguacate y los pescados ricos en omega-3 (sardinas, salmón, atún).
- Mantén una buena hidratación a lo largo del día, dando prioridad al agua.
Actividad física
- Según la AHA y los CDC, los adultos deben realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada, lo que puede distribuirse en 30 minutos al día, cinco veces por semana. La práctica regular contribuye a la salud cardiovascular, al control del peso y a la reducción de los riesgos asociados al sedentarismo. Incluye ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana.
- Reduce el tiempo que pasas sentado: levántate cada hora, camina mientras hablas por teléfono y usa las escaleras siempre que puedas.
- Antes de comenzar o intensificar cualquier programa de ejercicio, consulte a un médico para que le realice una evaluación cardiovascular.
Sueño y recuperación
- Según la Asociación Americana del Corazón, los adultos deben dormir una media de entre 7 y 9 horas por noche como parte del cuidado de la salud cardiovascular. El CDC/NIOSH también recomienda mantener horarios regulares para acostarse y levantarse.
- Evita las pantallas y los estimulantes (cafeína, nicotina) en las horas previas a acostarte (Clínica Mayo y CDC).
- Mantén la habitación a oscuras, en silencio y a una temperatura agradable.
Salud mental y gestión del estrés
- Identifica las fuentes de estrés crónico y busca formas de afrontarlas: actividad física, meditación, terapia, aficiones, vida social.
- No desestimes el agotamiento. El cansancio persistente, la irritabilidad constante y la dificultad para concentrarse merecen atención.
- Si es necesario, busca ayuda profesional. La salud mental y la salud cardiovascular están estrechamente relacionadas.
Hábitos generales
- No fumes. Si fumas, acude a un médico para que te ayude a dejar de fumar.
- Modera el consumo de alcohol.
- Mantén tu peso corporal dentro de unos límites saludables, prestando especial atención a la circunferencia abdominal.
- Toma los medicamentos recetados siguiendo las indicaciones del médico, sin interrumpir el tratamiento ni ajustar las dosis por tu cuenta.
Esta lista de comprobación no sustituye a la consulta médica. Sirve como guía de referencia para organizar la rutina de cuidados e integrar la prevención en el día a día.

¿Qué pruebas de rutina ayudan a controlar la salud cardiovascular?
Las pruebas de rutina son herramientas esenciales para detectar alteraciones cardiovasculares antes de que provoquen síntomas. La frecuencia y el tipo de prueba dependen de la edad, los antecedentes familiares y los factores de riesgo de cada persona, y deben ser determinados por el médico. Basándonos en los artículos de MedlinePlus, el NHLBI/NIH y la Clínica Mayo, a continuación se detallan los principales aspectos a tener en cuenta:
- Medición de la presión arterial: debe realizarse con regularidad, al menos una vez al año en adultos sin factores de riesgo. Las personas con antecedentes de hipertensión u otros factores deben controlarla con mayor frecuencia, según las indicaciones médicas.
- Perfil lipídico (colesterol y triglicéridos): el análisis de sangre que mide el colesterol total, el LDL, el HDL y los triglicéridos es fundamental para evaluar el riesgo de aterosclerosis. La recomendación general es empezar a partir de los 20 años y repetirlo según las indicaciones del médico.
- Glucemia en ayunas: evalúa los niveles de azúcar en sangre y ayuda a detectar la diabetes o la prediabetes, afecciones que aumentan significativamente el riesgo cardiovascular.
- Electrocardiograma (ECG): registra la actividad eléctrica del corazón y permite detectar arritmias, signos de sobrecarga cardíaca e indicios de un infarto previo.
- Ecocardiograma: prueba de imagen que evalúa la estructura y la función del corazón, incluyendo el tamaño de las cavidades, el grosor de las paredes y el funcionamiento de las válvulas.
- Prueba ergométrica (prueba de esfuerzo): evalúa el comportamiento del corazón durante el ejercicio físico, lo que ayuda a identificar una isquemia (reducción del flujo sanguíneo) que puede no manifestarse en reposo.
- Hemograma y marcadores de inflamación: análisis complementarios que pueden indicar afecciones asociadas al riesgo cardiovascular, como la anemia y la inflamación crónica.
La frecuencia de las revisiones varía de una persona a otra. Lo importante es realizar un seguimiento regular y no esperar a que aparezcan los síntomas para concertar una cita. La prevención cardiovascular comienza con la información y se sustenta en el seguimiento.
El tabaquismo, el sedentarismo y el estrés: el trío que afecta al corazón
Si hay un conjunto de factores que, combinados, aceleran el deterioro cardiovascular de forma constante, es la tríada formada por el tabaquismo, el sedentarismo y el estrés crónico. Cada uno de ellos, por sí solo, ya supone un riesgo. Juntos, potencian los daños de tal manera que al organismo le cuesta compensarlos.
Tabaquismo
Fumar es el factor de riesgo modificable más agresivo para el sistema cardiovascular. Las sustancias presentes en el cigarrillo dañan el endotelio (revestimiento interno de las arterias), provocan inflamación, elevan la presión arterial y reducen los niveles de HDL. Además, el monóxido de carbono inhalado reduce la capacidad de la sangre para transportar oxígeno, lo que obliga al corazón a trabajar más (Sociedad Americana contra el Cáncer).
La buena noticia es que los beneficios de dejar de fumar empiezan a notarse rápidamente. En 20 minutos, la presión arterial y la frecuencia cardíaca ya comienzan a normalizarse. Entre uno y dos años sin fumar, el riesgo de sufrir un infarto se reduce drásticamente. En 15 años, el riesgo se aproxima al de alguien que nunca ha fumado (Sociedad Americana contra el Cáncer).
Sedentarismo
La inactividad física debilita el músculo cardíaco, favorece la acumulación de grasa visceral, empeora el control de la presión arterial y de la glucemia y contribuye al aumento del colesterol LDL. Los estudios demuestran que el sedentarismo prolongado está asociado a un riesgo cardiovascular comparable al del tabaquismo (AHA).
Hacer ejercicio con regularidad fortalece el corazón, mejora la circulación, ayuda a controlar el peso y libera sustancias que reducen la inflamación y mejoran el estado de ánimo. No hace falta convertirse en deportista: caminar 30 minutos al día, cinco veces a la semana, ya aporta beneficios cuantificables (CDC).
Estrés crónico
El estrés prolongado mantiene al cuerpo en un estado de alerta constante, con una liberación continua de cortisol y adrenalina. Esto eleva la presión arterial, aumenta la frecuencia cardíaca, favorece la inflamación y puede dar lugar a conductas de riesgo, como la alimentación compulsiva, el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol.
Gestionar el estrés no significa eliminarlo de la vida, lo cual sería imposible. Significa desarrollar estrategias para afrontarlo de una forma más saludable: actividad física regular, técnicas de respiración, meditación, terapia, momentos de ocio y relaciones sociales de calidad.
Cuando estos tres factores se dan a la vez, el corazón envejece más rápido de lo que indica el calendario. Reconocer esta combinación y actuar sobre cada uno de sus componentes es una de las decisiones más importantes para la salud a largo plazo.
Cuándo acudir al médico para que evalúe tu salud cardiovascular
Muchas personas creen que solo deben acudir al cardiólogo cuando notan que algo va mal. Esta lógica, aunque comprensible, pasa por alto el hecho de que las enfermedades cardiovasculares más comunes se desarrollan de forma silenciosa, sin síntomas perceptibles en las fases iniciales.
Basándonos en artículos de los CDC, la AHA y el INCA, enumeramos a continuación las situaciones en las que la evaluación médica debe ser prioritaria:
- A partir de los 40 años: aunque no se tengan molestias, se recomienda someterse a una evaluación cardiovascular básica, que incluya análisis de sangre, medición de la tensión arterial y, si el médico lo indica, un electrocardiograma y una prueba de esfuerzo.
- Antecedentes familiares de enfermedades cardíacas: si los padres, hermanos o abuelos han sufrido un infarto, un ictus, una arritmia o una muerte súbita antes de los 60 años, el seguimiento debe comenzar antes.
- La presencia de factores de riesgo —hipertensión, colesterol alto, diabetes, obesidad, tabaquismo y sedentarismo— es motivo para acudir al médico, independientemente de la edad.
- Los síntomas nuevos o persistentes —dolor en el pecho, dificultad para respirar, palpitaciones, mareos, hinchazón en las piernas o cansancio desproporcionado en relación con el esfuerzo— deben investigarse sin demora.
- Antes de iniciar una actividad física intensa: las personas sedentarias que deseen empezar a hacer ejercicio de forma intensa deben someterse a una evaluación médica previa.
- Mujeres en la perimenopausia y la posmenopausia: la disminución de los niveles de estrógeno altera el perfil de riesgo cardiovascular femenino, lo que hace que el seguimiento sea aún más importante en esta etapa.
El médico es quien evaluará el conjunto de factores, solicitará las pruebas adecuadas y recomendará las medidas preventivas o terapéuticas necesarias. La prevención cardiovascular es más eficaz cuando es continua, y no puntual.
Preguntas frecuentes sobre la salud cardiovascular
¿Qué es la salud cardiovascular?
La salud cardiovascular es el estado de funcionamiento equilibrado del corazón y los vasos sanguíneos (arterias, venas y capilares). Cuando este sistema funciona de manera eficiente, la sangre circula adecuadamente, aportando oxígeno y nutrientes a todos los tejidos del cuerpo y eliminando los residuos. Mantener la salud cardiovascular implica controlar factores como la presión arterial, el colesterol, la glucemia, el peso corporal y el nivel de actividad física, además de evitar el tabaquismo y gestionar el estrés (CDC).
¿Cómo prevenir las enfermedades cardíacas en el día a día?
Según fuentes sanitarias, como el Ministerio de Sanidad, la AHA y los CDC, la prevención de las enfermedades cardíacas se basa en unos hábitos constantes: mantener una dieta rica en frutas, verduras, cereales integrales y grasas saludables; practicar actividad física de forma regular (al menos 150 minutos a la semana de ejercicio moderado); no fumar; controlar el peso; dormir entre 7 y 9 horas cada noche; gestionar el estrés; y someterse a revisiones médicas periódicas según las indicaciones del médico. Estas medidas, combinadas, reducen significativamente el riesgo cardiovascular.
¿Cuáles son los principales factores de riesgo cardiovascular?
Los factores de riesgo se dividen en modificables y no modificables. Entre los modificables se encuentran la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad, una alimentación desequilibrada, el estrés crónico y el consumo excesivo de alcohol. Entre los no modificables se encuentran la edad, el sexo biológico, los antecedentes familiares de enfermedades cardíacas y el origen étnico. Conocer ambos grupos permite orientar la prevención de forma más eficaz (SBC, CDC y SOCESP).
¿Qué pruebas permiten evaluar la salud del corazón?
Las principales pruebas rutinarias para controlar la salud cardiovascular incluyen la medición de la presión arterial, el perfil lipídico (colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos), la glucemia en ayunas, el electrocardiograma, el ecocardiograma y la prueba de esfuerzo. La frecuencia y la combinación de pruebas dependen de la edad, los factores de riesgo y los antecedentes de cada persona, y deben ser determinadas por el médico (CDC).
¿A partir de qué edad debo preocuparme por mi salud cardiovascular?
El cuidado de la salud cardiovascular debe comenzar pronto, con hábitos saludables desde la infancia y la adolescencia. En la edad adulta, las directrices de la Asociación Americana del Corazón (AHA) indican que los factores de riesgo cardiovascular deben evaluarse periódicamente a partir de los 20 años. A partir de los 40 años, o antes si hay antecedentes familiares, diabetes, hipertensión, colesterol alto, obesidad, tabaquismo u otros factores de riesgo, la evaluación médica ayuda a determinar qué pruebas son necesarias y con qué frecuencia deben repetirse.
Por otra parte, la Sociedad Brasileña de Cardiología recomienda que los adultos sanos se sometan a controles de colesterol con la periodicidad indicada por el cardiólogo, ya que solo mediante un seguimiento es posible comprender mejor los riesgos cardiovasculares que puede presentar cada persona.
¿El estrés puede provocar problemas cardíacos?
Sí. El estrés crónico mantiene al cuerpo en un estado de alerta constante, con una liberación prolongada de hormonas como el cortisol y la adrenalina. Esto eleva la presión arterial, aumenta la frecuencia cardíaca, favorece la inflamación y puede propiciar comportamientos perjudiciales, como la alimentación compulsiva y el tabaquismo. Controlar el estrés mediante la actividad física, las técnicas de relajación, la terapia y los momentos de ocio es una medida importante para la protección cardiovascular (AHA).
¿Qué relación hay entre la alimentación y la salud del corazón?
Según el Ministerio de Sanidad, la alimentación influye directamente en los principales factores de riesgo cardiovascular. Las dietas ricas en sodio elevan la presión arterial. El exceso de grasas saturadas y trans aumenta el colesterol LDL. Los azúcares añadidos y los alimentos ultraprocesados contribuyen a la obesidad y a la resistencia a la insulina. Por otro lado, una alimentación basada en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado y grasas saludables (como el aceite de oliva) ayuda a mantener bajo control la presión arterial, el colesterol y la glucemia.
Importante: este contenido tiene fines educativos e informativos. No sustituye la consulta, el diagnóstico ni el tratamiento médico. Si tienes alguna duda o presentas algún síntoma, acude a un profesional sanitario para que te oriente.
Fuentes consultadas:
https://www.gov.br/saude/pt-br/assuntos/saude-de-a-a-z/d/depressao
https://www.nhlbi.nih.gov/health/heart
https://www.nhlbi.nih.gov/health/heart/blood-flow
https://www.nhlbi.nih.gov/health/heart/heart-beats
http://cardiometro.com.br/include-cardiometro/teste2/pdf/POCKET%20DIRETRIZ%20DE%20PREVENCAO.pdf
https://www.cdc.gov/heart-disease/risk-factors/index.html
https://www.cdc.gov/high-blood-pressure/risk-factors/index.html
https://www.cdc.gov/heart-disease/about/heart-attack.html
https://www.heart.org/en/health-topics/heart-attack/warning-signs-of-a-heart-attack
https://www.heart.org/en/health-topics/heart-failure/warning-signs-of-heart-failure
https://www.cdc.gov/physical-activity-basics/guidelines/adults.html
https://www.heart.org/en/healthy-living/healthy-lifestyle/lifes-essential-8
https://www.cdc.gov/sleep/about/index.html
https://www.mayoclinic.org/healthy-lifestyle/adult-health/in-depth/sleep/art-20048379
https://medlineplus.gov/hearthealthtests.html
https://www.nhlbi.nih.gov/health/coronary-heart-disease/diagnosis
https://www.mayoclinic.org/diseases-conditions/heart-disease/diagnosis-treatment/drc-20353124
https://www.mayoclinic.org/tests-procedures/echocardiogram/about/pac-20393856
https://medlineplus.gov/lab-tests/stress-tests
https://socesp.org.br/prevencao/fatores-de-risco