Movilidad y calidad de vida: por qué la actividad física también forma parte del cuidado de la tensión arterial, el colesterol y el corazón
Un hombre de 52 años toma el medicamento para la hipertensión según lo recetado, controla el colesterol en los análisis rutinarios y sigue las indicaciones del cardiólogo. Sin embargo, al levantarse de la silla después de estar mucho tiempo sentado, nota rigidez en la rodilla. Subir escaleras le resulta ahora más agotador. Agacharse para atarse los cordones de los zapatos ahora le exige más atención. Estos síntomas pueden parecer simplemente “cosas de la edad”, pero hay que prestarles atención cuando empiezan a limitar la rutina diaria. Es en estos momentos cuando entra en juego la relación entre la movilidad y la calidad de vida.
La movilidad corporal no es un tema independiente de la salud general. Influye en la capacidad de caminar, subir escaleras, llevar la compra, practicar actividad física y mantener la autonomía. Cuando el dolor, la rigidez, la pérdida de fuerza o el desequilibrio limitan el movimiento, la persona puede volverse más sedentaria. Y el sedentarismo es un factor relevante para la salud cardiovascular.
Según la Organización Mundial de la Salud, las personas que no realizan suficiente actividad física tienen un riesgo de muerte entre 20% y 30% mayor en comparación con las personas que realizan suficiente actividad física. La OMS también estima que se podrían evitar entre 4 y 5 millones de muertes al año si la población fuera más activa. Estos datos ponen de manifiesto por qué la actividad física debe formar parte del debate sobre la prevención y la calidad de vida.
Esta guía explica la relación entre la movilidad, la actividad física y la salud cardiovascular, centrándose en los hombres mayores de 45 años y en las personas que ya presentan factores de riesgo, como hipertensión arterial, colesterol elevado, diabetes o sedentarismo. El objetivo no es prescribir ejercicios ni sustituir la evaluación profesional, sino ayudar a reconocer los síntomas y plantear preguntas más claras en la consulta.
¿Qué es la movilidad y por qué es importante? en la calidad de vida
La movilidad es la capacidad de realizar movimientos con amplitud, control, fuerza, equilibrio y seguridad. Implica las articulaciones, los músculos, la coordinación y la estabilidad. No es lo mismo que la flexibilidad: una persona puede estirar bien un músculo, pero seguir teniendo dificultades para levantarse de una silla, subir escaleras o caminar con seguridad (The Guardian).
Cuando se habla de salud cardiovascular, es habitual pensar en la presión arterial, el colesterol, la glucemia, el peso, la alimentación, los medicamentos y las pruebas médicas. Todos estos aspectos son importantes. Pero la capacidad de moverse también debe tenerse en cuenta, ya que ayuda a mantener la práctica regular de actividad física.
La Guía de Actividad Física para la Población Brasileña, del Ministerio de Sanidad, subraya que la actividad física contribuye a prevenir las enfermedades cardíacas, la diabetes tipo 2, algunos tipos de cáncer y la mortalidad prematura. La guía también destaca que reducir el tiempo que se pasa sedentario e incluir más movimiento en la vida cotidiana son medidas importantes para la salud.
Por eso, la movilidad no debe considerarse únicamente como una cuestión ortopédica. Puede influir en la autonomía, el estado de ánimo y la posibilidad de mantener una rutina activa a lo largo de los años.
¿Qué le puede pasar al cuerpo con el paso del tiempo?
Con el envejecimiento, puede producirse una pérdida progresiva de masa, fuerza y función muscular. Este proceso se conoce como sarcopenia cuando alcanza un grado clínicamente relevante. La Clínica Cleveland describe la sarcopenia como una pérdida progresiva de masa, fuerza y función muscular relacionada con la edad, capaz de dificultar actividades como caminar y subir escaleras, y de aumentar el riesgo de caídas.
Este proceso no se desarrolla de la misma manera en todas las personas. El sedentarismo, los antecedentes de lesiones, las enfermedades crónicas, una alimentación inadecuada, el dolor persistente y los largos periodos de estar sentado pueden contribuir a la pérdida de fuerza, a la disminución del equilibrio y a una menor tolerancia al esfuerzo.
En el caso de los hombres a partir de los 40 años, lo importante es no dar por sentado automáticamente síntomas como la rigidez recurrente, el dolor al levantarse, la pérdida de equilibrio o la dificultad cada vez mayor para realizar actividades sencillas. Estos síntomas, por sí solos, no indican una enfermedad concreta, pero pueden ser señal de que conviene evaluar la movilidad (Cleveland Clinic).
Entre los efectos que pueden aparecer cuando disminuye la movilidad se encuentran la reducción de la actividad física, el aumento del tiempo que se pasa sentado, la pérdida de fuerza, el miedo a caerse, una menor autonomía y una mayor dificultad para mantener los hábitos recomendados para la salud cardiovascular. La relación entre la movilidad y la calidad de vida es proporcional: cuando una disminuye, la otra sigue el mismo ritmo.
Movilidad, corazón y colesterol: ¿qué relación hay entre ellos?
La actividad física no controla por sí sola la presión arterial ni el colesterol. La relación se debe principalmente a que influye en la capacidad de mantenerse activo. Cuando una persona es capaz de caminar, subir escaleras, realizar las tareas cotidianas y practicar actividades con seguridad, le resulta más fácil reducir el sedentarismo y cumplir sus objetivos de actividad física.
La Asociación Americana del Corazón recomienda que los adultos realicen al menos 150 minutos a la semana de actividad aeróbica de intensidad moderada o 75 minutos de actividad vigorosa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días a la semana. La institución también recomienda pasar menos tiempo sentado, ya que las actividades ligeras pueden ayudar a compensar parte de los riesgos del sedentarismo.
El CDC informa de que la actividad física regular puede reducir la presión arterial y mejorar los niveles de colesterol, además de contribuir a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Estas recomendaciones no sustituyen a los medicamentos recetados ni al seguimiento médico, pero demuestran que el ejercicio y la salud cardiovascular están relacionados.
Para una persona con hipertensión o colesterol alto, el dolor de rodilla, la rigidez en la cadera o la falta de equilibrio pueden convertirse en obstáculos prácticos. Si caminar empieza a doler, la persona camina menos. Si subir escaleras le genera inseguridad, las evita. Poco a poco, el cuerpo se mueve menos y el sedentarismo va ganando terreno.
El sedentarismo: el nexo entre la limitación física y el riesgo cardiovascular
El Protocolo Clínico y las Directrices Terapéuticas sobre la Hipertensión Arterial Sistémica, publicado por el Ministerio de Sanidad en 2025, reconoce la hipertensión como una enfermedad crónica multifactorial y subraya la importancia de los cambios en el estilo de vida para el control de la enfermedad, incluida la actividad física regular cuando esté indicada.
Cuando la movilidad se ve afectada, estas medidas pueden resultar más difíciles. La persona entiende la recomendación de moverse más, pero se encuentra con obstáculos físicos: dolor, rigidez, debilidad, miedo a caerse o falta de confianza para empezar.
La OMS recomienda reducir el sedentarismo y sustituir parte del tiempo que se pasa sentado por actividad física de cualquier intensidad, según la capacidad de cada persona. Para quienes llevan una vida sedentaria o tienen limitaciones, empezar con movimientos suaves y seguros puede ser un primer paso, siempre que se tengan en cuenta los síntomas, el historial clínico y las recomendaciones de un profesional.
El mensaje principal es: la movilidad, la actividad física y la salud cardiovascular se influyen mutuamente. Cuidar una de ellas puede facilitar el cuidado de las demás.
Señales de que la movilidad merece atención
La pérdida de movilidad suele aparecer de forma gradual. A menudo, la persona adapta su rutina sin darse cuenta: evita las escaleras, reduce los paseos, se sienta para vestirse, deja de realizar actividades que antes le resultaban sencillas o empieza a utilizar ayudas para los movimientos cotidianos.
Hay algunos síntomas a los que hay que prestar atención cuando son persistentes, recurrentes o empiezan a limitar la rutina:
• Rigidez al despertarse o tras pasar mucho tiempo sentado.
• Dolor al levantarse de una silla.
• Dificultad para agacharse, ponerse los calcetines o atarse los zapatos.
• Inseguridad a la hora de subir o bajar escaleras.
• Desequilibrio al vestirse o al caminar.
• Reducción progresiva de la distancia recorrida a pie.
• Dolor que aparece durante o después de realizar actividades sencillas.
• Miedo a caerse.
• Pérdida notable de fuerza.
Ninguno de estos síntomas, por sí solo, permite establecer un diagnóstico definitivo. Sin embargo, cuando se vuelven frecuentes, empeoran con el tiempo o impiden realizar la actividad física recomendada por el médico, conviene acudir al médico para que te haga una evaluación.
Pequeños cambios que pueden ayudarte en el día a día
Para mejorar la movilidad no es necesario empezar con entrenamientos intensos. La Guía de Actividad Física para la Población Brasileña (Ministerio de Sanidad) subraya que todo movimiento cuenta y que las actividades que se realizan durante los desplazamientos, en el trabajo, en las tareas domésticas y en el tiempo libre también pueden contribuir a llevar una vida más activa.
Hay algunas medidas generales que pueden ayudar a reducir el tiempo que se pasa sin moverse y a mantener el cuerpo más activo:
• Hacer pausas periódicas cuando pases mucho tiempo sentado.
• Caminar distancias cortas cuando sea seguro y cómodo.
• Sustituir parte del tiempo que pasas sentado por actividades ligeras.
• Hablar con un profesional sanitario sobre ejercicios de fuerza, equilibrio y flexibilidad.
• Adaptar el entorno de trabajo para reducir las molestias posturales.
• Retomar las actividades de forma gradual, sin intentar compensar años de inactividad en pocos días.
Es importante evitar la lógica del “todo o nada”. Para quienes están empezando, los pequeños cambios pueden resultar más sostenibles que unos objetivos demasiado ambiciosos. La Asociación Americana del Corazón también recomienda aumentar la cantidad y la intensidad de la actividad física de forma gradual.
Las personas que padezcan dolor persistente, dificultad respiratoria desproporcionada, mareos, dolor en el pecho, antecedentes cardiovasculares o hipertensión no controlada deben consultar a un profesional antes de comenzar o intensificar la actividad física.

Cuándo buscar ayuda profesional
No todas las limitaciones se resuelven únicamente con estiramientos o caminando. En algunos casos, es necesaria una evaluación profesional para comprender la causa del dolor, la rigidez o la pérdida de fuerza.
Pide consejo cuando:
• Dolor articular persistente, recurrente o progresivo.
• Limitación funcional que empeora con el tiempo.
• Antecedentes de caídas o miedo frecuente a caerse.
• Dolor que impide realizar la actividad recomendada.
• Hinchazón, enrojecimiento o sensación de calor en las articulaciones.
• Pérdida de fuerza que se nota en el día a día.
• Dificultad para caminar, subir escaleras o realizar tareas sencillas.
• Síntomas cardiovasculares, como dolor en el pecho, dificultad respiratoria intensa, desmayos o palpitaciones persistentes.
Dependiendo del caso, la evaluación puede contar con la participación de un médico generalista, un cardiólogo, un traumatólogo, un reumatólogo, un geriatra, un fisiatra, un fisioterapeuta o un profesional de la educación física titulado. Para quienes padecen hipertensión, colesterol alto u otros factores de riesgo cardiovascular, la movilidad puede ser un tema importante que debe tenerse en cuenta en el seguimiento rutinario.

Preguntas frecuentes sobre movilidad y calidad de vida
¿Qué es la movilidad corporal?
La movilidad corporal es la capacidad de realizar movimientos con amplitud, control, fuerza, equilibrio y seguridad. Implica las articulaciones, los músculos y la coordinación. No se trata solo de flexibilidad.
¿Cuál es la relación entre la actividad física y la salud cardíaca?
Esta relación se debe principalmente a la actividad física. Cuando una persona se mueve con mayor seguridad y menos limitaciones, suele estar en mejores condiciones para reducir el sedentarismo y mantener una rutina activa. La actividad física regular está relacionada con beneficios para la presión arterial, el colesterol y el riesgo cardiovascular, según los CDC y la Asociación Americana del Corazón.
¿A partir de qué edad empieza a disminuir la movilidad?
No hay una edad concreta. Con la edad, puede producirse una pérdida gradual de masa muscular, fuerza y equilibrio. Este proceso puede verse acelerado por el sedentarismo, el dolor, las lesiones o las enfermedades crónicas. Lo importante es fijarse en los cambios que limitan la rutina diaria, no solo en la edad.
¿Cuánto ejercicio hay que hacer?
La Asociación Americana del Corazón (AHA) recomienda al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada o 75 minutos de actividad intensa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular dos días a la semana. Para quienes están empezando o tienen limitaciones, la progresión debe ser gradual y adaptarse a cada caso concreto.
¿Puedo hacer ejercicio si tengo la tensión alta?
Según el Ministerio de Sanidad, la actividad física suele formar parte de las medidas relacionadas con el estilo de vida para el control de la hipertensión. Sin embargo, el tipo, la intensidad y la progresión deben determinarse con asesoramiento profesional, especialmente si hay síntomas, la presión arterial no está controlada o existen otras afecciones de salud.
¿Es normal sentir rigidez al despertarse a partir de los 50 años?
Puede producirse cierta rigidez leve y pasajera, pero la rigidez intensa y persistente, acompañada de dolor o que limite la rutina diaria, debe ser evaluada. No es recomendable achacarlo todo automáticamente a la edad.
¿El dolor articular impide hacer ejercicio?
No siempre. Existen actividades adaptadas y estrategias para fortalecer la musculatura, mejorar el equilibrio y la flexibilidad que pueden tenerse en cuenta según la evaluación. Lo importante es no insistir si se siente un dolor intenso ni abandonar el movimiento sin consultar antes con un profesional.
¿Qué profesional puede evaluar mi movilidad?
En función de los síntomas, pueden participar en la evaluación médicos, fisioterapeutas y profesionales de la educación física cualificados. Cuando existen factores de riesgo cardiovascular, es importante integrar esta conversación en el seguimiento médico ya existente.
¿Permanecer sentado durante mucho tiempo es perjudicial para la salud?
La OMS recomienda reducir el tiempo dedicado a actividades sedentarias y sustituir parte de ese tiempo por actividad física de cualquier intensidad, según la capacidad de cada persona. Los largos periodos de tiempo sentados pueden dificultar el mantenimiento de la fuerza, el ánimo y una rutina activa.
¿Son lo mismo la movilidad y la flexibilidad?
No. La flexibilidad es la capacidad de estiramiento de los músculos y los tejidos. La movilidad es un concepto más amplio: incluye la flexibilidad, la fuerza, el equilibrio, la estabilidad y el control del movimiento.