Colesterol HDL y LDL: qué son, valores de referencia reales y cómo interpretar los resultados de tus análisis
En Brasil, alrededor del 40% de la población adulta presenta niveles de colesterol superiores a los recomendados, según el Ministerio de Sanidad, basándose en datos de la Sociedad Brasileña de Cardiología (SBC). Aun así, muchas personas reciben los resultados de un análisis del perfil lipídico sin entender exactamente qué significan siglas como HDL, LDL y triglicéridos. El colesterol suele considerarse un enemigo, pero eso es una simplificación: se trata de una sustancia necesaria para el organismo. El problema radica en el desequilibrio entre sus fracciones y en el riesgo cardiovascular asociado a ese perfil.
Cuando alguien lee “colesterol alto” en los resultados de un análisis, la primera reacción suele ser la preocupación. Pero es importante entender qué fracción está alterada. Según el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre (NHLBI), el LDL se conoce como “colesterol malo” porque unos niveles elevados pueden favorecer la acumulación de placas en las arterias. Por su parte, el HDL se denomina “colesterol bueno” porque ayuda a transportar el colesterol de vuelta al hígado, contribuyendo a eliminar el exceso.
Este artículo explica, de forma sencilla, qué representa cada fracción del colesterol, presenta valores de referencia con comentarios y ofrece orientación sobre cómo interpretar los resultados del perfil lipídico con mayor seguridad. No obstante, la interpretación final debe correr a cargo de un profesional sanitario, teniendo en cuenta la edad, los antecedentes familiares, la presión arterial, la glucemia, el tabaquismo, la presencia de diabetes y otros factores de riesgo.
Colesterol HDL y LDL: por qué el cuerpo lo necesita
El colesterol es una sustancia grasa presente en las células del organismo. Interviene en funciones importantes, como la formación de las membranas celulares, la producción de hormonas y vitaminas y la formación de ácidos biliares, que ayudan a la digestión de las grasas, tal y como describe el Ministerio de Sanidad. Además, interviene en la producción de algunas hormonas. Por lo tanto, la cuestión no es eliminar el colesterol, sino mantener sus fracciones en equilibrio y evaluar cómo se relacionan con el riesgo cardiovascular de cada persona.
El problema surge cuando hay un exceso de colesterol circulante, especialmente de la fracción LDL. Según el NHLBI, los niveles elevados de LDL pueden favorecer la acumulación de placas de grasa en las arterias. Este proceso puede dificultar el flujo sanguíneo y aumentar el riesgo de sufrir episodios como infartos y accidentes cerebrovasculares.
Por ello, los resultados del perfil lipídico no deben interpretarse de forma aislada. Un mismo valor de LDL puede tener significados diferentes en una persona joven sin factores de riesgo y en alguien con diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular previa o antecedentes familiares importantes. Las directrices de la Sociedad Brasileña de Cardiología subrayan que los valores objetivo de LDL varían en función de la categoría de riesgo cardiovascular.
HDL y LDL: qué función tiene cada uno
El colesterol no circula por sí solo en la sangre. Al ser una grasa, necesita ser transportado por unas partículas llamadas lipoproteínas. Las dos fracciones más conocidas en los análisis rutinarios son el LDL y el HDL.
El LDL, o lipoproteína de baja densidad, transporta el colesterol a los tejidos. Cuando hay un exceso de este, puede contribuir a la formación de placas en las paredes de las arterias. Por ello, los niveles elevados de LDL se asocian a un mayor riesgo de aterosclerosis y enfermedades cardiovasculares.
El HDL, o lipoproteína de alta densidad, actúa de forma inversa: ayuda a transportar el colesterol de vuelta al hígado, donde puede ser procesado y eliminado. Los niveles bajos de HDL pueden indicar un perfil de mayor riesgo, especialmente cuando se dan junto con niveles elevados de LDL, triglicéridos altos, diabetes, tabaquismo o sobrepeso.
La diferencia entre el HDL y el LDL radica, por tanto, en el papel que estas partículas desempeñan en el transporte del colesterol. Para el lector, la regla práctica es sencilla, aunque no absoluta: en general, es deseable tener un nivel más bajo de LDL; un nivel muy bajo de HDL merece atención. La decisión clínica, sin embargo, depende siempre del riesgo cardiovascular global.
Valores de referencia del colesterol: cómo consultar la tabla
Los valores de colesterol HDL y LDL deben interpretarse en función del riesgo cardiovascular de cada persona. La tabla que figura a continuación ofrece valores de referencia generales para adultos, pero no sustituye a los objetivos individualizados establecidos por el médico.
| Componente | Valor de referencia | Observación |
| Colesterol total | Por debajo de 190 mg/dL | Valor deseable. Debe interpretarse junto con las fracciones. |
| HDL | Por encima de 40 mg/dL | Valor deseable. Los valores bajos merecen atención. |
| Triglicéridos | Menos de 150 mg/dL tras 12 horas de ayuno o menos de 175 mg/dL sin ayuno | Es el único parámetro del perfil lipídico que varía en función del estado de ayuno. |
| LDL | Varía en función del riesgo cardiovascular: por debajo de 115 mg/dL en caso de riesgo bajo, 100 mg/dL en caso de riesgo intermedio, 70 mg/dL en caso de riesgo alto, 50 mg/dL en caso de riesgo muy alto y 40 mg/dL en caso de riesgo extremo | El objetivo lo establece el médico tras la estratificación del riesgo, y no se trata de un valor único. |
| Colesterol no HDL | Varía en función del riesgo cardiovascular: por debajo de 145 mg/dL en el riesgo bajo, 130 mg/dL en el riesgo intermedio, 100 mg/dL en el riesgo alto, 80 mg/dL en el riesgo muy alto y 70 mg/dL en el riesgo extremo. | Se calcula a partir de la diferencia entre el colesterol total y el HDL. Ayuda a estimar las fracciones aterogénicas. |
La Sociedad Brasileña de Cardiología (SBC) recomienda que los valores objetivo de LDL y colesterol no-HDL se ajusten en función del riesgo cardiovascular. En personas con riesgo alto, muy alto o extremo, los valores objetivo pueden ser significativamente más bajos que los que se aplican a las personas con bajo riesgo.
El colesterol no-HDL se calcula a partir de la diferencia entre el colesterol total y el HDL. Refleja, de forma sencilla, la suma de partículas potencialmente aterogénicas, es decir, más relacionadas con la formación de placas en las arterias. Por ello, puede utilizarse como parámetro complementario, especialmente cuando los triglicéridos están elevados.
Cómo interpretar el perfil lipídico
El perfil lipídico es un análisis de sangre que evalúa los niveles de colesterol total, HDL, LDL y triglicéridos. Algunos laboratorios también indican el colesterol no-HDL y las relaciones entre las fracciones.
Para una primera evaluación, el LDL suele ser uno de los aspectos más importantes, ya que está directamente relacionado con el riesgo de aterosclerosis. Sin embargo, el LDL no debe evaluarse de forma aislada. El HDL, los triglicéridos, el colesterol total y el colesterol no-HDL ayudan a completar el panorama general.
Los niveles elevados de triglicéridos, por ejemplo, pueden aparecer junto con el sobrepeso, la resistencia a la insulina, la diabetes o el síndrome metabólico. La Clínica Mayo señala que los niveles elevados de triglicéridos pueden estar asociados a afecciones que aumentan el riesgo de enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular, como la obesidad y el síndrome metabólico —nombre que se da a la presencia simultánea de varios factores de riesgo en una misma persona, como un aumento de la grasa abdominal, hipertensión, alteraciones de la glucemia, niveles elevados de triglicéridos y niveles bajos de HDL—.
El colesterol total por sí solo puede llevar a confusión. Un nivel elevado de colesterol total puede deberse a un nivel alto de HDL, mientras que otro resultado similar puede estar relacionado con niveles anómalos de LDL o triglicéridos. Por eso, la composición del perfil lipídico es más importante que una cifra aislada.
El colesterol alto no siempre presenta síntomas
El colesterol alto no suele causar síntomas perceptibles. Según la Guía brasileña sobre dislipidemias y prevención de la aterosclerosis de 2025, de la Sociedad Brasileña de Cardiología (SBC), el colesterol alto puede ser hereditario, pero también suele estar relacionado con factores del estilo de vida, como la alimentación, el sedentarismo y el exceso de grasas saturadas. La misma fuente subraya que los cambios en el estilo de vida y, en algunos casos, los medicamentos pueden formar parte del tratamiento.
Cuando aparecen los síntomas, suelen estar relacionados con complicaciones, como la enfermedad coronaria, un infarto o un ictus. Por eso, el análisis del perfil lipídico es importante incluso aunque no se presenten molestias.
La SBC recomienda que la evaluación del colesterol forme parte de la estratificación del riesgo cardiovascular: la periodicidad de la prueba debe determinarse en función del perfil de riesgo de cada persona y de las indicaciones del médico. En la Guía de 2025, se recomienda el uso de una ecuación de riesgo para estimar el riesgo de sufrir un episodio cardiovascular en un plazo de diez años en adultos de entre 30 y 79 años sin enfermedad cardiovascular establecida. En la población pediátrica, la guía recomienda realizar un perfil lipídico completo entre los 9 y los 11 años y, en presencia de factores de riesgo, a partir de los 2 años de edad.
Alimentación, actividad física y hábitos que influyen en el colesterol
Los hábitos de vida pueden influir en el perfil lipídico, aunque los factores genéticos también desempeñan un papel importante. La alimentación, la actividad física, el peso corporal, el tabaquismo y el consumo de alcohol deben evaluarse de forma conjunta.
En la alimentación, las fibras solubles presentes en alimentos como la avena, las alubias, las manzanas y las peras ayudan a reducir la absorción del colesterol y pueden contribuir a la reducción del LDL. La Guía Brasileña de 2025 recomienda una ingesta de unos 25 g de fibra al día. Esta recomendación coincide con el Manual de Alimentación Cardioprotectora, elaborado por el Ministerio de Sanidad en colaboración con el Hospital del Corazón (HCor), que clasifica los alimentos según los colores de la bandera brasileña y da prioridad a los alimentos frescos y mínimamente procesados.
En cuanto a las grasas, la Guía Brasileña de 2025 recomienda que las grasas totales representen entre el 20% y el 35% del valor calórico diario, que las grasas saturadas se mantengan por debajo del 7% y que no se consuman grasas trans, dando prioridad a las grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas presentes en el pescado, los frutos secos, las semillas y los aceites vegetales. Esta recomendación también concuerda con el Manual de Alimentación Cardioprotectora, elaborado por el Ministerio de Sanidad en colaboración con el HCor, que orienta hacia un patrón alimentario basado en frutas, verduras, hortalizas, cereales integrales, legumbres y fuentes saludables de proteínas.
La práctica regular de actividad física también puede contribuir al control del colesterol. La AHA recomienda al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada o 75 minutos de actividad intensa, distribuidos preferiblemente a lo largo de la semana.
El tabaquismo merece una atención especial. La AHA señala que fumar y usar cigarrillos electrónicos puede reducir el HDL, el llamado “colesterol bueno”, además de aumentar el riesgo cardiovascular cuando hay alteraciones en los niveles de colesterol. Dejar de fumar puede ayudar a mejorar los niveles de triglicéridos, el HDL y la función arterial.
El peso corporal y el consumo de alcohol también se tienen en cuenta en la evaluación. La Guía Brasileña de 2025 recomienda la reducción de peso mediante métodos no farmacológicos en personas con sobrepeso u obesidad, lo que repercute en el aumento del HDL y la reducción de los triglicéridos, y se pronuncia en contra del consumo de alcohol como estrategia de prevención o tratamiento de la aterosclerosis.
Estos cambios no sustituyen al seguimiento médico. En algunos casos, los cambios en el estilo de vida pueden ser suficientes; en otros, el médico puede recetar medicamentos, en función del riesgo cardiovascular global.
Cuando las cifras requieren más atención
Si los resultados del análisis muestran un nivel de LDL superior al objetivo establecido para tu perfil, un nivel bajo de HDL o un nivel elevado de triglicéridos, el siguiente paso es hablar con tu médico. Solo un profesional sanitario puede evaluar tu edad, antecedentes familiares, presión arterial, glucemia, si padeces diabetes, si fumas, tu peso corporal y otros factores.
La decisión sobre el tratamiento no depende únicamente de una cifra. Las directrices de la Sociedad Brasileña de Cardiología (SBC) insisten en que el tratamiento debe tener en cuenta el riesgo cardiovascular global y los objetivos individualizados.
También es importante seguir las indicaciones del médico y del laboratorio sobre la necesidad de estar en ayunas antes de realizarse la prueba, ya que esta recomendación puede variar en función de la evaluación clínica.
Lo que no debe hacerse es ignorar el resultado. Los niveles anómalos de colesterol son un factor de riesgo modificable, y una intervención adecuada puede contribuir a reducir los riesgos a lo largo del tiempo.
Preguntas frecuentes sobre el colesterol HDL y LDL
¿Cuál es la diferencia entre el colesterol HDL y el LDL?
El LDL transporta el colesterol a los tejidos y, cuando sus niveles son elevados, puede favorecer la acumulación de placas en las arterias. El HDL ayuda a devolver el colesterol al hígado. Por eso, al LDL se le suele llamar “colesterol malo” y al HDL, “colesterol bueno”, aunque la interpretación depende del perfil lipídico en su conjunto y del riesgo cardiovascular.
¿Cuál es el nivel ideal de HDL?
Es más seguro hablar de “valor de referencia” que de «valor ideal». En Brasil, el nivel deseable de HDL es superior a 40 mg/dL, y los valores inferiores a esta cifra merecen atención. No obstante, el HDL debe interpretarse junto con el LDL, los triglicéridos, el colesterol no-HDL y el resto de factores de riesgo.
¿Es peligroso tener el colesterol LDL alto?
Un nivel elevado de LDL puede aumentar el riesgo cardiovascular, ya que favorece la formación de placas en las arterias. El NHLBI explica que los niveles elevados de LDL pueden provocar la acumulación de depósitos de grasa en las arterias, lo que aumenta el riesgo de infarto, ictus y otros problemas de salud.
¿Cómo reducir el colesterol de forma natural?
Los cambios en los hábitos pueden contribuir a mejorar el perfil lipídico. Entre ellos se encuentran aumentar el consumo de fibra soluble, reducir las grasas saturadas y trans, practicar actividad física con regularidad, evitar el tabaquismo, moderar el consumo de alcohol y mantener un peso adecuado. En algunos casos, también puede ser necesario tomar medicamentos, siempre tras una evaluación médica.
¿Qué es el perfil lipídico?
El perfil lipídico es un análisis de sangre que mide el colesterol total, el HDL, el LDL y los triglicéridos. Ayuda a evaluar el riesgo cardiovascular y a orientar las decisiones sobre prevención y tratamiento. La frecuencia con la que debe realizarse el análisis debe determinarla el médico, en función del perfil de riesgo cardiovascular de cada persona.
¿Tengo que estar en ayunas para hacerme la prueba del colesterol?
No siempre. Es importante seguir las indicaciones del médico y del laboratorio sobre la necesidad de estar en ayunas antes de realizarse la prueba, ya que esta recomendación puede variar en función de la evaluación clínica.
¿Un nivel elevado de colesterol total siempre supone un riesgo?
No necesariamente. El colesterol total debe interpretarse junto con el HDL, el LDL, los triglicéridos, el colesterol no-HDL y los factores clínicos. Un mismo valor de colesterol total puede corresponder a perfiles de riesgo diferentes, dependiendo de la composición de las fracciones y del historial médico de la persona.
Este contenido tiene fines educativos y no sustituye la consulta, el diagnóstico ni el tratamiento médico. Si tienes alguna duda sobre tu prueba, consulta a un profesional sanitario.
