Cómo cambia la inmunidad con la edad: qué ocurre en el cuerpo a partir de la mediana edad y por qué es importante para quienes cuidan su corazón
A partir de la mediana edad, el cuerpo empieza a responder de forma diferente a las infecciones, las vacunas e incluso al estrés cotidiano. Este cambio no se produce de forma repentina, sino que se va acumulando a lo largo de los años, alterando la forma en que el sistema inmunológico reconoce las amenazas, produce anticuerpos y controla los procesos inflamatorios. Lo que mucha gente no se da cuenta es que estos cambios tienen un impacto directo en la salud del corazón, la presión arterial y los niveles de colesterol.
Si el sistema inmunitario del organismo funciona bien durante décadas, ¿por qué empieza a fallar precisamente cuando más lo necesitamos? ¿Y por qué son tan pocos los contenidos sobre salud cardiovascular que mencionan la inmunidad como parte de la ecuación? Existe un vínculo entre la inflamación silenciosa, el envejecimiento de las células defensivas y el aumento del riesgo cardiovascular que merece más atención de la que suele recibir.
Esta guía explica cómo cambia la inmunidad con la edad, lo que la ciencia denomina inmunosenescencia y cómo se relaciona este proceso con la salud del corazón. Más allá de enumerar lo que ocurre en el cuerpo, el contenido ofrece consejos prácticos sobre hábitos, vacunas, sueño y síntomas que requieren una evaluación médica.
¿Qué es el sistema inmunitario y cómo nos protege en el día a día?
El sistema inmunitario es una compleja red de células, tejidos y órganos que trabajan conjuntamente para defender al organismo contra virus, bacterias, hongos y otras amenazas. Funciona como una central de inteligencia: identifica lo que es extraño, activa respuestas específicas y guarda en su memoria a los invasores a los que ya se ha enfrentado.
Esta defensa actúa en dos frentes principales: la inmunidad innata es la primera línea de defensa e incluye barreras físicas, como la piel y las mucosas, además de células (como las células dendríticas, los macrófagos y los neutrófilos) y moléculas que responden rápidamente, de forma inespecífica, a los agentes invasores. Por su parte, la inmunidad adaptativa es una respuesta altamente específica, mediada por linfocitos T y B, capaz de generar anticuerpos y memoria inmunológica para proteger al organismo en futuras exposiciones al mismo patógeno.
En el día a día, este sistema funciona en silencio. Cuando superas una infección sin darte cuenta, cuando coges un resfriado y te recuperas en pocos días, cuando una vacuna te protege durante años, es el sistema inmunitario el que está cumpliendo su función. El problema surge cuando este mecanismo pierde eficacia.
¿Qué cambios se producen en el sistema inmunitario a partir de la mediana edad?
Con el paso de los años, el sistema inmunitario no deja de funcionar. Lo que cambia es su forma de funcionar: la producción de nuevas células defensivas disminuye, la respuesta a las vacunas tiende a ser más lenta y la capacidad de distinguir entre amenazas reales y tejidos sanos del propio cuerpo empieza a verse afectada.
Algunos cambios que suelen hacerse más evidentes a partir de la mediana edad:
● Menor producción de nuevos linfocitos T: el timo, la glándula encargada de la maduración de estas células defensivas, empieza a reducirse ya en la juventud, pero los efectos prácticos se hacen más evidentes con el paso del tiempo.
● Respuesta vacunal reducida: el organismo puede tardar más tiempo en producir anticuerpos tras la vacunación, y la protección generada suele durar menos.
● Recuperación más lenta: los resfriados, las infecciones e incluso los pequeños cortes pueden tardar más en curarse o desaparecer.
● Aumento de los procesos inflamatorios basales: el cuerpo pasa a mantener un nivel bajo, aunque constante, de inflamación, incluso sin infección activa.
Estos cambios no significan que la persona “no tenga inmunidad”. Significan que el sistema necesita más apoyo para seguir funcionando correctamente.
Inmunosenescencia: cuando el sistema inmunitario empieza a responder de otra manera
El término «inmunosenescencia» describe el envejecimiento natural del sistema inmunitario. No se trata de una enfermedad, sino de un proceso biológico que afecta a todas las personas en mayor o menor medida, y que depende de factores como la genética, los hábitos de vida, la calidad del sueño, la alimentación y los niveles de estrés.
En la práctica, la inmunosenescencia se manifiesta de varias formas:
● Las células de defensa antiguas se acumulan en el organismo, ocupando el espacio que debería corresponder a células nuevas y funcionales.
● La comunicación entre las diferentes partes del sistema inmunitario se vuelve menos precisa, lo que puede provocar respuestas excesivas o insuficientes.
● Aumenta la producción de citocinas proinflamatorias, lo que alimenta un estado de inflamación crónica de bajo grado.
Este estado inflamatorio persistente recibe, en la literatura científica, el nombre de inflamación relacionada con el envejecimiento, una afección asociada a alteraciones en diversos sistemas fisiológicos, especialmente en lo que respecta a la salud cardiovascular. Y es precisamente aquí donde el debate sobre la inmunidad se cruza con el de la salud cardiovascular.
¿Cuál es la relación entre la inmunidad, la inflamación crónica y el riesgo cardiovascular?
La inflamación crónica de bajo grado es uno de los mecanismos fundamentales que subyacen al desarrollo de las enfermedades cardiovasculares. Cuando el sistema inmunitario mantiene una actividad inflamatoria constante, incluso sin infección, puede dañar las paredes de los vasos sanguíneos, favorecer la acumulación de placas de grasa en las arterias y contribuir al endurecimiento arterial.
Este proceso está directamente relacionado con factores como:
- Aterosclerosis: la inflamación participa activamente en la formación y la inestabilidad de las placas que obstruyen las arterias.
- Hipertensión: los procesos inflamatorios pueden alterar la elasticidad de los vasos sanguíneos y la regulación de la presión arterial.
- Colesterol alto: la inflamación influye en la forma en que el organismo metaboliza los lípidos, lo que puede empeorar el perfil lipídico.
- Episodios agudos: las placas inflamadas presentan un mayor riesgo de romperse, lo que puede provocar infartos y accidentes cerebrovasculares.
La verdad es que cuidar el corazón y cuidar el sistema inmunitario no son dos cosas distintas. Forman parte del mismo sistema.
¿Por qué quienes controlan la tensión arterial y el colesterol también deben tener en cuenta la inmunidad?
Quienes ya controlan su tensión arterial y el colesterol están, en cierta medida, supervisando las consecuencias de procesos que afectan al sistema inmunitario. Sin embargo, es raro que en una consulta cardiológica se hable de la inmunidad, el calendario de vacunación o la calidad del sueño como factores de riesgo.
Considerar la inmunidad como parte del cuidado cardiovascular significa:
- Hay que tener en cuenta que las infecciones respiratorias, como la gripe y la neumonía, aumentan el riesgo de sufrir episodios cardíacos, especialmente a partir de la mediana edad.
- Reconocer que tener el calendario de vacunación al día protege no solo contra la infección en sí, sino también contra las complicaciones cardiovasculares asociadas.
- Hay que tener en cuenta que los hábitos que ayudan a reforzar el sistema inmunitario, como dormir lo suficiente y hacer ejercicio físico de forma regular, son los mismos que protegen el corazón.
La relación entre la inmunidad y la salud cardiovascular es un aspecto al que suele prestarse menos atención en la comunicación sobre salud dirigida al público en general, aunque resulta relevante para quienes ya han superado la mediana edad.
Calendario de vacunación para adultos: qué vacunas son importantes a partir de la mediana edad
Existe la idea errónea de que las vacunas son cosa de niños. Para los adultos, especialmente a partir de la mediana edad, mantener al día el calendario de vacunación es una medida preventiva complementaria que ayuda a reducir el riesgo de infecciones que pueden provocar complicaciones cardiovasculares. Actúa en combinación con medidas cuya eficacia ya está bien demostrada, como no fumar, controlar la tensión arterial y el colesterol, llevar una alimentación saludable y practicar actividad física.
Las principales vacunas recomendadas para este grupo de edad son:
- Gripe: recomendación anual. La infección por gripe puede desencadenar una inflamación sistémica capaz de desestabilizar las placas ateroscleróticas, y las revisiones de los estudios indican que mantener al día la vacunación reduce el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular en personas con enfermedad cardiovascular.
- Neumocócica: protege contra la neumonía y las infecciones invasivas que suponen un riesgo elevado para las personas con enfermedades cardiovasculares.
- Herpes zóster: recomendada a partir de los 50 años, previene la reactivación del virus de la varicela, que puede provocar dolor intenso y complicaciones. En Brasil, esta vacuna está disponible en el sector privado, pero no en el SUS.
- COVID-19: dosis de refuerzo según las directrices vigentes, teniendo en cuenta el riesgo cardiovascular asociado a la infección.
- dTpa o dT (difteria, tétanos y, en el caso de la dTpa, también tos ferina): refuerzo cada diez años. En el calendario de vacunación de las personas mayores, la dosis de refuerzo rutinaria se administra con la vacuna dT; la vacuna dTpa está indicada en situaciones específicas, como en el caso de quienes conviven con recién nacidos.
La respuesta a la vacuna puede ser menos sólida a medida que envejecemos, por lo que es aún más importante no retrasar ni saltarse ninguna dosis. Consultar al médico sobre el calendario actualizado forma parte de los cuidados preventivos.
Hábitos que mantienen la inmunidad a lo largo de los años
Reforzar el sistema inmunitario después de la mediana edad no depende de suplementos milagrosos ni de fórmulas complejas. Depende, en gran medida, de la constancia en unos hábitos que la ciencia ya asocia con la protección de la salud.
Alimentación equilibrada: dar prioridad a las frutas, las verduras, las legumbres, los cereales integrales, las proteínas de calidad y las grasas saludables. Nutrientes como la vitamina D, el zinc, la vitamina C y el selenio intervienen directamente en la función inmunológica. Las carencias nutricionales, frecuentes a partir de la mediana edad, pueden comprometer la respuesta defensiva.
Hidratación adecuada: el agua interviene en el transporte de nutrientes y en la eliminación de toxinas, procesos esenciales para el funcionamiento del sistema inmunitario.
Control del peso corporal: el exceso de grasa visceral es una fuente activa de sustancias inflamatorias, lo que agrava tanto la inmunosenescencia como el riesgo cardiovascular.
Evitar el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol: ambos afectan directamente a la capacidad del sistema inmunitario para responder a las infecciones y controlar los procesos inflamatorios.
Mantenerse al día con los análisis: controlar indicadores como la glucemia, el colesterol, la presión arterial y los marcadores inflamatorios ayuda a detectar de forma precoz los desequilibrios que afectan tanto al sistema inmunitario como al corazón.
El sueño, el estrés y la actividad física: tres pilares que vinculan la inmunidad y el corazón
Estos tres factores actúan como pilares fundamentales tanto de la salud inmunológica como de la salud cardiovascular. Cuando uno de ellos falla, los otros dos se ven afectados.
Sono
Una revisión publicada en la revista «Pflügers Archiv: European Journal of Physiology» demuestra que el sueño desempeña un papel regulador en la función inmunológica. Durante el sueño profundo, el cuerpo produce citoquinas protectoras, consolida la memoria inmunológica y reduce los marcadores inflamatorios. La privación crónica del sueño compromete la producción de anticuerpos tras la vacunación y aumenta la susceptibilidad a las infecciones. La privación crónica del sueño afecta a la producción de anticuerpos tras la vacunación, aumenta la susceptibilidad a las infecciones y se asocia a un mayor riesgo de sufrir eventos cardiovasculares, sobre todo en personas que ya padecen hipertensión o colesterol elevado.
Estrés
El estrés crónico mantiene elevados los niveles de cortisol, una hormona que, en exceso, inhibe la función inmunológica y favorece la inflamación sistémica. Este ciclo aumenta tanto la vulnerabilidad a las infecciones como el riesgo cardiovascular. Las técnicas de gestión del estrés, como la respiración consciente, las actividades placenteras y el acompañamiento profesional cuando sea necesario, forman parte de la atención integral.
Actividad física
La Asociación Americana del Corazón recomienda al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada o 75 minutos de actividad intensa para los adultos. Además de los beneficios cardiovasculares ya conocidos, el ejercicio regular mejora la circulación de las células inmunitarias, reduce los marcadores inflamatorios y contribuye a la calidad del sueño. Lo importante es encontrar el equilibrio: el exceso de ejercicio, sin una recuperación adecuada, puede tener el efecto contrario y suprimir temporalmente la inmunidad.

Señales de alerta que requieren una evaluación profesional
Hay algunas situaciones que indican que el sistema inmunitario podría necesitar atención médica. Detectarlas a tiempo marca la diferencia para quienes ya padecen factores de riesgo cardiovascular.
- Infecciones frecuentes o recurrentes, como gripes, sinusitis o infecciones urinarias que reaparecen con regularidad.
- Recuperación muy lenta tras enfermedades comunes o intervenciones menores.
- Fatiga persistente que no mejora con un descanso adecuado.
- Heridas que tardan en curarse.
- Episodios recurrentes de herpes u otras infecciones oportunistas.
- Alteraciones inexplicables en los análisis de laboratorio, como un recuento de leucocitos persistentemente bajo o unos marcadores de inflamación elevados.
Estos síntomas no indican necesariamente un problema grave. Sin embargo, conviene investigarlos, sobre todo cuando se combinan con antecedentes de hipertensión, colesterol alto, diabetes u otros factores de riesgo.
No es necesario esperar a que aparezcan los síntomas para hablar con el médico sobre la inmunidad. Esta conversación puede, y debe, formar parte de las consultas rutinarias.
Preguntas frecuentes sobre la inmunidad y el envejecimiento
¿De verdad disminuye la inmunidad con la edad?
El sistema inmunitario no “se debilita” de forma brusca, sino que sufre cambios graduales. La producción de nuevas células defensivas disminuye, la respuesta a las vacunas se vuelve más lenta y el organismo tiende a mantener un estado de inflamación crónica de bajo grado. Estos cambios son naturales y afectan a todas las personas, en mayor o menor medida.
¿Qué es la inmunosenescencia?
La inmunosenescencia es el nombre que se le da al envejecimiento del sistema inmunitario. No es una enfermedad, sino un proceso biológico que reduce la eficacia de las respuestas de defensa y aumenta la vulnerabilidad ante infecciones, enfermedades autoinmunes y ciertos tipos de cáncer. Los hábitos saludables pueden mitigar sus efectos.
¿Existe alguna relación entre una baja inmunidad y los problemas cardíacos?
Sí. La inflamación crónica de bajo grado, característica del envejecimiento inmunológico, está directamente relacionada con la aparición y la progresión de enfermedades cardiovasculares, como la aterosclerosis, la hipertensión y episodios como el infarto.
¿Cómo reforzar el funcionamiento del sistema inmunitario a partir de los 50 años?
Las estrategias más eficaces incluyen llevar una alimentación equilibrada y rica en nutrientes, practicar actividad física de forma regular, dormir bien, controlar el estrés, evitar el tabaco y el consumo excesivo de alcohol, y mantener al día el calendario de vacunación. La suplementación con vitaminas o minerales, como la vitamina D y el zinc, solo debe realizarse bajo supervisión médica y cuando exista una deficiencia confirmada mediante análisis; tomar suplementos por cuenta propia no refuerza la inmunidad y puede entrañar riesgos.
¿Las vacunas siguen siendo eficaces en las personas mayores?
Funcionan, pero la respuesta puede ser menos intensa que en personas más jóvenes. Por eso, algunas vacunas cuentan con formulaciones específicas para grupos de edad más avanzada, con dosis ajustadas o adyuvantes que potencian la respuesta inmunológica. Mantener al día el calendario de vacunación sigue siendo una de las medidas preventivas más importantes.
¿Qué relación hay entre dormir mal y tener las defensas bajas?
La falta de sueño reduce la producción de citoquinas protectoras y anticuerpos, afecta a la memoria inmunológica y aumenta los marcadores inflamatorios. Dormir menos de seis horas por noche de forma recurrente se asocia a una mayor susceptibilidad a las infecciones y a una peor respuesta a las vacunas.
¿Cuándo debo acudir al médico por cuestiones relacionadas con la inmunidad?
Siempre que se observen infecciones recurrentes, una recuperación lenta de enfermedades comunes, fatiga persistente sin causa aparente, heridas que no cicatrizan o alteraciones en los análisis de rutina. Estos signos merecen ser investigados en personas que ya presentan factores de riesgo cardiovascular.
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